Yo no estoy a dieta

"Estoy a dieta" versus "es que yo como así"


Una vez al año...


Saltarse la dieta no implica perder un hábito, sino, simplemente, permitirse un lujo un día sin tirarlo todo por la borda. Para empezar, imaginad que estáis construyendo una casa con ladrillos y que tenéis que ponerlos vosotros mismos. Ya habéis colocado 10.000, todos bien ordenados y pegados unos a otros en tiempo récord gracias a las ganas de casa nueva y a que a lo que hacemos por nosotros mismos siempre le ponemos un poquito más de cariño. Un día, por cuestiones que pueden ser de lo más variadas, o bien no ponéis el ladrillo 10.001 o lo habéis colocado "de aquella manera", sabiendo que al día siguiente habrá que ponerlo o recolocarlo. ¿Quiere decir esto que los ladrillos que ya lleváis puestos no sirven de nada? ¿Significa que os habéis quedado sin casa por un ladrillo mal puesto? ¿Tiene sentido desistir y destruir lo construido, con todo lo que ya lleváis hecho? No, ¿verdad? Pues con una buena rutina alimentaria sucede lo mismo. Cuando aprendemos a comer y lo hacemos bien, dejarlo de hacer por un día no supone ninguna pérdida, sino que sirve para retomar una alimentación saludable aún con más ahínco.



A veces, saber elegir mal también es saber elegir

Cuando aprendemos que al saltarnos ese hábito de buen comer sólo estamos haciendo una excepción y no cargándonos toda una dieta entera, o una manera determinada de comer, entonces podemos decir que nos alimentamos como queremos y, por ende, también acabamos perdiendo el miedo a "pecar" de vez en cuando.
Así que podemos decir que es cierto que "una vez al año, no hace daño" (ni una vez al mes, e incluso ni una por semana), siempre que sepamos retomar el camino por el que íbamos andando.
Cuando sepamos enfrentar esa rutina como lo que es, una manera de comer, entonces no nos costará tanto decir que no a ciertas tentaciones, si es que realmente no queremos ceder, o decir que sí a dicho "pecadillo" sin que se nos caiga el cielo encima o, por decirlo de otra manera, sin que nos sintamos mal por habernos saltado la "dieta". Al final, acabaremos dejando de decir eso de "es que estoy a dieta" y pasaremos a decir "es que yo como así". Cuántas veces hemos salido a comer o cenar fuera y los demás nos han mirado raro o dicho "por un día que te saltes la dieta no va a pasar nada", y tienen razón, salvo porque no nos estamos saltando la dieta, sino que estamos cediendo a cambiar en algo la forma en la que solemos comer por norma.
Cuando digamos "es que yo como así", nuestro entorno dejará de percibir que estamos a dieta o que estamos dejando de comernos una hamburguesa por un sacrificio por tener un cuerpo mejor (que ya veremos que no se trata de solo de eso, sino de mejorar también nuestra salud).
Sé que algunos pensaréis que no importa lo que piensen los que nos rodean, pero realmente sí que es una cuestión que afecta a la hora de llevar una alimentación saludable y tener una vida social activa. Nuestros amigos tienen que saber que no nos molesta que se coman dos pizzas y una tarta de postre; no sentimos el deseo de comer lo que ellos están comiendo, ni envidia, ni miramos con celo cómo mastican, sino que estamos disfrutando tanto como ellos o más del plato que hemos pedido, y más aún lo haremos los días en que decidamos no comer saludable, si es que es nuestro deseo, porque es un lujo que nos permitimos, y de los lujos que uno se da, porque son justamente eso, lujos o caprichos, uno siempre disfruta más.
Lo cierto es que ahora nos encontramos ante un extraño cambio en el paradigma alimentario. Por un lado, nos encontramos a miles de deportistas en ciernes que creen alimentarse bien y que centran sus fuentes de energía en los batidos de proteína y carbohidratos de diversa procedencia. Por otro, estamos ante los amantes del "food porn", esos que predican el amor, estético y visual, virtual o no, por los alimentos procesados, hipercalóricos, y lo manifiestan a base de fotos lo más pringosas posible de lo que supone una alimentación nefasta para cualquier ser vivo.

He aquí lo que podría ser un retalito
 del archinombrado food porn.
Fuente: Víctor Hanacek, imagenesgratis.eu

Cómo empezó todo...

Comencé a hacer dietas en el año 2010, más o menos; justo coincidió con que ese año dejé de fumar, y me vinieron de golpe (o no tan de golpe ni tan por sorpresa) unos 7 kilazos de ansiedad, que derivaron en que me acabara sintiendo fatal conmigo misma, sin control, y en que comer, una de las cosas de las que siempre había disfrutado más, se convirtiera en un suplicio para mí, mi familia y mis amigos. 
Desde que me pesé aquella primera vez y comprobé lo que había engordado, comencé un "valiente" periplo por todas las dietas imaginables: Dukan, Montignac, disociada, la dieta depurativa, Atkins, la cronodieta, la paleo, e infinitas más. Adelgazaba, sí, pero con su efecto rebote. Que nadie os diga que no habrá rebote cuando os plantee una dieta muy restrictiva en calorías o en algún elemento de la tabla nutricional, porque tened en cuenta que os estará mintiendo. A corto medio plazo, una dieta basada en ciertas restricciones siempre tiende a rebotar el peso, SIEMPRE.
Entre tanta dieta, era difícil salir a comer o cenar fuera, dado que todas eran restrictivas en algún sentido esencial, así que acababa saltándomelas para sentirme fatal después. Cuando esto pasa, como tenemos en mente el concepto de saltarse la dieta, de fallar, se nos viene el mundo abajo, dejamos de sentirnos bien, teniendo la sensación de habernos fallado a nosotros mismos, y abandonamos la rutina de alimentación que la dieta nos proponía, volviendo así a los malos hábitos. 
El aspecto social tampoco era fácil. Por un lado, mis amigos y familiares sabían que estaba a dieta y se sentían mal por pedir platos apetitosos delante de mí. Por otro lado, también es cierto que ante tantísimas restricciones, en cantidad, calorías o productos, yo siempre tenía la sensación de no querer comer lo que había pedido, porque era un plato triste, y sí que sentía cierta envidia por lo que comían los demás.
Os dejo una fotillo muy cutre, lo sé, de un amanecer en mi pueblo.
 He aprendido, a lo largo de estos años, que la alimentación es como la vida:
 cada nuevo día implica, siempre, el reto de superarlo.
Mentiría si no dijera que acabé desarrollando una patología, una enfermedad de la alimentación. Aunque también os digo que, si bien no estoy curada, porque eso no se cura nunca, sí que he aprendido a controlarla. Como bien, de forma saludable, y en las cantidades que me apetece, según el día. A veces como mal, como guarradas absolutas, pero sé que son momentos excepcionales, y ayuda saber que al día siguiente todo seguirá como lo hace normalmente: con una alimentación saludable que yo controlo.

En definitiva...

Por eso, teniendo en cuenta todo lo que os he contado, después de muchos picos en mi peso y tras tantas y tantas dietas, y tantas cantidades de dinero gastadas en productos vinculados a dichas dietas, no me quedó más remedio que aprender a comer. Eso es lo que pretendo mostrar en este blog: tips para alimentarse correctamente y adelgazar o no engordar; tips y recetas para mejorar la salud y el peso; tips para no sentirse mal cuando hacemos un parón (nunca retroceso, acordaos del ladrillo 10.001) en eso que llamamos "dieta".
Habrá días de flaqueza, por supuesto. No soy ninguna heroína, pero he aprendido de mis errores y, aunque los sigo cometiendo, sé cómo ponerles remedio.
Y, para terminar con esta primera entrada, me gustaría aclarar una cosa: yo no hago dietas. Esa es labor de los dietistas-nutricionistas. Si realmente queréis una dieta, os aconsejo que os pongáis en manos de uno, que los hay muy buenos. Lo único que yo voy a hacer es aconsejar desde mi experiencia como exsometida a dietas milagro, ya liberada, y mostrar cómo lo hago yo día tras día, subiendo artículos propios, ajenos y recetas, y teniendo la esperanza de que a vosotros también os sirva. 


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