Las dietas de proteínas: Dukan
Una dieta restrictiva...
Ayer estuve de charloteo con mi hermano y hablábamos sobre las dietas de adelgazamiento basadas en la toma de proteínas (y algunas las combinan con grasas, aunque, para ser sincera, yo nunca hice una del estilo, salvo una salvajada llamada "cronodieta", de la que hablaré en otro post). Le contaba que realmente a mí las dietas de proteínas, la Dukan (es la única centrada en la ingesta masiva de proteína que he hecho), sí que me había hecho bajar de peso. No fue un descenso rápido, pues la bajada drástica con este tipo de dietas se da cuando hay muchos kilos que perder (se pierden bastantes al principio) y yo sólo quería perder unos 6, así que fue una pérdida relativamente lenta (perdí los 6 kilos el primer mes y el siguiente, de los dos que duró la dieta, lo dediqué al mantenimiento o a la "fase crucero", como se conoce en el método Dukan). Sé que a muchos de vosotros os parecerá una salvajada lo de 6 kilos en un mes; ahora a mí también, pero antes, leyendo que había personas que habían perdido hasta 14 kilos, me pareció lento, y así os lo cuento.
Le decía ayer a mi hermano la cantidad de dinero que podía llegar a gastar en proteínas de origen natural. Durante mi fase Dukan, jamás utilicé suplementos de proteína, sino que, como alternativa a la carne, el pescado y el huevo (de los que me alimentaba, básicamente), solía tomar yogures de soja (sin azucarar) y algo de tofu (y he aquí la única fuente de proteína vegetal que tomaba). Cereales de cualquier tipo, legumbres, tomates, zanahoria, remolacha y todas las frutas quedaron desterrados de mi rutina alimentaria durante un mes entero. El resto de verduras, durante ese mes, podía ir alternándolas (un día de solo proteína y el siguiente, proteína mezclada con verdura). Tenía que estar así, en lo que se conoce como la fase crucero, hasta que alcanzase el peso que pretendía alcanzar, así que estuve, como ya he dicho, un mes. Durante esos treinta días, me las ingeniaba para inventar recetas y aburrirme menos, pero mentiría si dijese que hacer un pan con una cucharada de avena, queso batido desnatado y dos huevos, para comer y cenar, no se hizo horriblemente tedioso. Con esto logré, además de bajar de peso, sí, un extraño mal aliento (se conoce que por la cetosis) y un estreñimiento como no he tenido otro en mi vida, y eso que los días en los que podía comer verdura, me hinchaba. Por más brusco y sincero que suene, tengo que decirlo: tuve que comprar dediles para ayudarme a ir al baño (y quien quiera imaginar, que imagine). No quise tomar laxantes porque no lo había hecho nunca y jamás había tenido problemas de estreñimiento. Supongo que el problema vino derivado, no por el déficit de verdura, que ya he dicho que tomaba la que podía, porque además me gusta toda, sino por la cantidad ILIMITADA de proteína que ingería al día. Para que os hagáis una idea, sólo en lácteos me comía unos 1.000 gramos del queso fresco batido 0% que muchos conoceréis, y eso sólo en los postres de las dos comidas principales. Luego añadid algún yogur a media mañana, otras tarrinas de queso fresco desnatado, la carne de pollo, salmón, atún, pavo... Hay que tener en cuenta que, además de que si tendemos a engordar puede que se deba a que comemos demasiado de todo, de las dietas de proteína o realmente de cualquiera que se derive la restricción absoluta de la mayoría de los alimentos, se desata una terrible ansiedad por comer, por seguir comiendo, pues la proteína deja de saciar y no hay nada más que podamos echar a la boca que haga el proceso más llevadero (en la primera fase, ni una sola manzana para no romper la cetosis).
Una dieta rápida, sí, pero estresante...
Por fin, conseguí llegar a la siguiente fase, en la que ya se permitía una cantidad de pasta integral, algo de pan (integral también), puede que legumbres (no recuerdo haber consumido y no quiero mentir diciendo que también estaban permitidas), y de fruta, manzanas o peras. Pero lo buenísimo de esta fase no eran los nuevos alimentos que se me permitían comer. El paraíso de la Dukan estaba en las comidas o cenas de gala: un momento a la semana, comida o cena (luego se aumentaban a dos ocasiones semanales que no deben ser correlativas), en el que podía comerme tres platos (entrante, principal y postre) llenos a rebosar de lo que quisiera, siempre que no añadiese más al plato una vez hubiese terminado (esa era la única condición, además de que la comida siguiente tuviese más cantidad de proteína que de otros nutrientes y que se siguiese a rajatabla con las cantidades, los productos permitidos y los tolerados). ¿En qué derivaba esto? En primer lugar, en indigestiones salvajes. No os podéis imaginar lo que podía llegar a comer esos días de gala. Como siempre estaba prohibido, en las cenas de gala, por ejemplo, me comía completos los tres platos, y siempre dejaba lo más abundante para el postre (por desgracia, soy golosa de nacimiento o porque mis padres, incosncientes entonces, me enseñaron a serlo). En segundo lugar, en una ansiedad descomunal proveniente de dos factores:1) estaba comiendo cosas prohibidas que seguro me engordarían (juro que después de estas comidas me sentía y veía literalmente redonda); 2) estaba aprendiendo a premiarme ingiriendo cantidades ingentes de comida, hasta entonces impropias de mí y, además, basadas en productos que eran absolutamente nocivos (¿adónde iba a comer o cenar en las galas? Imaginad: Burger, Foster's... templos de la comida basura, de los procesados y del azúcar hasta en el agua).
Luego vino la fase de mantenimiento, en la que ya debería haber aprendido a comer (cereales y frutas en cantidades moderadas; mucha, ilimitada proteína) y en la que podía seguir haciendo dos comidas de gala semanales, a condición de hacer un día semanal de recuerdo (un día de solo proteína), y aquí ya la cosa se fue de madre. Ya no estaba a dieta, sino que, a esas alturas, se suponía que había aprendido a comer de manera que no engordase (a pesar de las galas).
Una dieta más y vuelta a los kilos...
En un mes, recuperé todos los kilos perdidos. ¿Dejé la dieta? Claro, pero no en el mantenimiento, sino en el mismo momento en el que la comencé. Sé que es difícil de entender, pero creo que lo voy a explicar bien de la siguiente manera: cuando desde el minuto uno toda tu vida social se ve condicionada por una manera de alimentarse (recordad que en el primer mes sólo podía comer verdura y proteína), la dieta ya se está yendo a pique; cuando salir a comer fuera es un suplicio porque tienes que medir absolutamente todo lo que comes, también va a pique; cuando basas tus premios en comer todo lo que sabes que no debes, y tu supuesto dietista te lo permite, sin más, es que no estás aprendiendo a comer de ninguna de las maneras, sino que comer mal sigue siendo un premio (cuando debería ser un castigo, realmente), así que más a pique todavía. Cuando aprendes a comer, no hay nada que pueda condicionarte, ni social ni personalmente, y como la dieta Dukan se centraba en un aprendizaje de los buenos hábitos, pues he aquí por qué desmiento que con ella se aprenda nada.
Cuando aprendamos a comer saludable, habrá días en los que también pasaremos por restaurantes de comida rápida a tomar una hamburguesa o un brownie, y esto, ¿querrá decir que nos estamos saltando algo, o permitiendo algo prohibido, o que hayamos dejado nuestro hábito de comida saludable? Nos estaremos pasando por el forro nuestro ideal de hábito saludable, sí, pero sabremos cómo retomarlo sin ningún problema, sin que pensemos "ya he consumido una comida de gala; sólo me queda otra"; sino al contrario, diremos "hoy me he pasado de procesados; mañana me hago una ensalada de garbanzos o unos espaguetis integrales con verduras y arreglado". ¿Veis la diferencia?


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